CUANDO SE DEJA DE SOÑAR

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Cuando se deja de soñar, prácticamente se deja de vivir. Se deja de existir. El soñar nos permite alimentar esa parte hecha de ilusiones y deseos que nosotros tenemos, por el hecho mismo, de ser humanos. Cuando se deja de soñar, se deja de perseguir aquello que alimenta el esfuerzo y aclara la perspectiva de un futuro más cierto. Soñar, es la construcción de imaginarios, de idearios que fortalecen la búsqueda consciente de un mejor mañana. Ciertamente el soñar le pertenece al hoy, nunca al mañana. Al iniciar el día se va corroborando lo que se soñó ayer, y fortalece el imaginario para el mañana. Soñar no es una acción inconsciente, es parte de un plan que construye los castillos del mañana. La fuerza con la que sueñas, es la fuerza con la que logras, es el ímpetu de un trabajo permanente, el empuje dinámico de un seguir y nunca parar. Soñar hace que la fuerza del espíritu se potencie mil veces más. Enseñar a soñar a las nuevas generaciones, es asegurar el porvenir de nuestra nación. Cuando se deja de soñar, se pierde la voluntad de continuar.

Oswaldo del Castillo.

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