HAY HAMBRE DE PAZ

Ya no es posible hablar de seguridad en nuestro estado y como la mayoría opina: el gobierno ha sido rebasado.

Por más medidas que se tomen, hay un mal infestado en la sociedad y crece lamentablemente como un cáncer, ¿Qué nombre le podemos poner a este mal?. Los síntomas que se presentan son los siguientes: una mentalidad violenta en la mayoría de la juventud, reflejo de ello fueron los incidentes del día del estudiante en algunas facultades de la UAS, la corta edad de los llamados “punteros”, el gusto por la música que hace apología del delito y que hasta los niños se saben esos corridos.
Otro síntoma de este mal es ver la violencia y los asesinatos como algo normal. Cuando se escucha de uno, alguien comenta con tranquilidad que en tal parte pasó otro, el ver en los periódicos tales noticias ya no llaman la atención a menos que sea de una figura conocida.

Nos estamos acostumbrando a vivir entre retenes y convoyes militares circulando por las calles como si fuera zona de guerra, de hecho lo es.

Cuando se va perdiendo el asombro quiere decir que algo pasa con nuestra conciencia, pierde sensibilidad, y esta sensibilidad se va perdiendo ante el mal porque el mal ya se ve como normal.

El cáncer no ha alcanzado aún a todo el cuerpo, aún hay gente hambrienta de paz y de seguridad. La pregunta que surge es: ¿qué podemos hacer? ¿Cuál será el límite de esto o hasta dónde llegará?
Esto ha impactado hasta el hecho de que ha cobrado auge una profesión en el mercado laboral y con distintos niveles de profesionalización, el ser escolta. Esto por qué, por la demanda creciente de esta profesión dada la inseguridad.

Javier E. Zepeda O.

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