En sociedades como la nuestra, ver el llanto de un niño es tan normal, como ver la llanta de un auto que gira cuando este va en marcha. ¿Por qué nuestra sociedad se permite oír el llanto de un niño? ¿Por qué el mundo entero sigue soportando ver las muertes de niños y niñas en la Franja de Gaza? ¿Qué el dolor de una criatura es menor al dolor que todos padecemos por algo? ¿En qué momento perdimos la capacidad de sentir el dolor que siente un niño, sea la causa que fuera? ¿Cómo fue que nos fuimos desarropando de esa capa sentimental que nos hace verdaderamente humanos? Quizás esas preguntas que hago no asisten a los conciertos de rock o a los festivales pro para recaudar fondos para niños olvidados. Solo tomamos a los niños enfermos de cáncer para hacer política y sacar raja de ellos. O a los niños y niñas quemados en la guardería ABC, que perdieran sus vidas y cuyas autoridades encubrieran a los culpables por ser parientes directos de la esposa de Calderón. O de esos acribillados solo para hacerle la grilla a Rocha y una vez que descubierta la trama se olvida. Lo cierto y habremos de decirlo miles de veces, lo que importa o lo que verdaderamente importa es mantener los privilegios que siempre tuvieron, ¿quiénes? Ya lo sabemos.
Si los niños o niñas importaran realmente, el mundo no sería este que tenemos. Para empezar, ningún niño o niña, padeciera hambre, cuidados, falta de seguridad, educación, vivienda. Sus derechos humanos estuvieran por encima de todo. El llanto infantil sería solo ese ejercicio para fortalecer sus pulmones. Nunca para reclamar un cuidado o la falta de algo. Los criminales que dañan a los niños serían sujetos a las peores castigos. Las sociedades serían otras. Los privilegios para los niños o niñas serían obligados, pues de ellos dependería las juventudes y los adultos para esa sociedad que tanta falta nos hace tener. El analfabetismo no existiera, como tampoco la frustraciones que generan asesinos en serie. La paz no existiría como categoría de análisis, mucho menos la guerra. El llanto del adulto sería para recordar al niño que se lleva dentro. El abuso infantil es el síntoma del adulto con algún problema mental mayor. Las marcas en sus pieles por algún castigo es solo la frustración de alguien que no ha sabido encausar su problemática existencial. ¿Por qué los niños deben pagar los fracasos de los demás? ¿Qué acaso los niños o niñas pidieron venir al mundo, y una vez que están aquí, por qué tratarlos mal? Quizás no nos damos cuenta que los niños son el reflejo de nuestros propios defectos, lo mal que vemos en ellos es el mal que está con nosotros. Tratamos a los niños como si ellos perteneciesen a otros mundos. No les damos el crédito ni los consideramos iguales para oír sus propuestas. Creemos que no son capaces de pensar ni de actuar. Vaya error que cometemos los adultos. El llanto infantil debe ser la alarma que escuchemos todos, para que todos podamos convertirlos en risas y alegrías. Nunca nos acostumbremos a oír más el llanto de un niño.