Diálogo Deportivo Semanario No. 1686

México vivió una de sus peores pesadillas en el terreno boxístico cuando en Las Vegas, Nevada, Saúl “Canelo” Álvarez utilizó como “piñata humana” a su compatriota de Sinaloa, Julio César Chávez Carrasco, hijo de la leyenda JC Chávez quien fue testigo, al igual de millones de aficionados al pugilismo de América, Asia, África, Europa y Oceanía, de un combate que olió a fraude de parte del junior.
El tapatío recibió un regalo adelantado de Navidad de parte del staff de Julito. Lo mandaron al combate en corto, cuando su estatura y mayor peso estaban a su favor. Un craso error de su mánager temporal de Ignacio Beristáin y sus auxiliares.
La Arena T-Mobile no tuvo su noche triste del boxeo ya que ambos eran mexicanos, pero si un espectáculo denigrante para el boxeo mexicano y mundial que tenía la esperanza de presenciar un pleito frontal de toma y daca y se topó con un títere o zombie del ring.
Julio César Jr. sirvió de sparring malo al jalisciense quien metió toda clase de golpes, jabs, rectos, upers, y sobre todo sus constantes ganchos en corto con ambas manos.
Aunque Saúl lastimó constantemente a Julito en su rostro con sus jabs no quiso emplearse a fondo para no mandarlo al hospital, tal vez por respeto al mítico JC Chávez González.
“El Canelo” que subió 4-1 al ring en las apuestas en las 164 libras en un pleito fuera de campeonato y con derecho a revancha en septiembre salió limpio y sonriente con sus bien ganados 10 millones de dólares (más extras por derechos de TV de paga) ante una “Piñata” humana que recibió 5 millones de dólares y otros derechos, aunque puede ser sancionado por la Comisión de Box de Nevada por no ofrecer pelea.
En dos rounds Julito tuvo destellos y metió ambas manos, en especial en el noveno asalto, pero en forma tan débil que Canelo ni se inmutó ni pareció quejarse de los golpes recibidos. Claro la decisión unánime fue aplaudida a su favor.
Los abucheos se dieron desde el octavo round cuando los aficionados presentes, hombres, mujeres, jóvenes y niños de varios países y estados de la Unión Americana eran testigos de una farsa de parte del sinaloense de Culiacán.
Chávez parecía un sparring novato del boxeo, que únicamente se paraba en el centro del ring para recibir golpes y contestar muy pocas ocasiones lo que causó la irritación de los aficionados y sobre todo de los apostadores profesionales que perdieron millones de dólares pensando erróneamente que el hijo de la leyenda del boxeo, daría la sorpresa por su altura y su peso.
Queda para la historia de un combate entre dos mexicanos que se convirtió en una farsa sin tener la culpa Saúl Álvarez. Hizo su trabajo limpiamente y hasta dejó que Julito le conectara sobre las cuerdas.
Julito no aprovechó. No pudo, por la estrategia ordenada de su mánager Beristáin que confió en la pegada del culiacanense y su juego de piernas y cintura, que esta vez no practicó. Se quedó inmóvil pensando en algún error de Álvarez. Su esquina, encabezada por los hermanos José y Eddie Reinoso cumplió con su cometido de hacer la pelea en corto y aprovechar la constante pegada del tapatío.
Si Julio César Chávez Carrasco se hubiese empleado a fondo y conectado en la humanidad del brillante rival, aun sin daño, tal vez los famosos jueces de Nevada o sea Las Vegas, le hubieran otorgado el triunfo.
No tuvieron necesidad de mancharse y caer en la corrupción ante los millonarios apostadores ya que Julito regaló la pelea a Canelo.
Un regalo que le costó algo de trabajo limpio a Saúl que se preparó a fondo y peleó a medio gas ante un rival cuyo récord de 50-2-1 demostraba que era de respeto y no fue así, resultó un fiasco de esos que nunca se olvidan, aunque se perdonen.
Quizás muchos de los patrocinadores abandonen el proyecto de la revancha por lo débil que se observó a Julio César Chávez Carrasco que debe pensar en el retiro antes que un sanguinario del ring que no es el caso del caballeroso Canelo Álvarez lo mande a una fría y olvidada tumba o a una silla de ruedas por el resto de sus días. Con dinero, pero amargado y triste.
Ni los consejos de su padre JC Chávez hicieron reaccionar al Junior. Subió al ring a recibir golpes como un zombie y si aguantó en píe fue porque Saúl no quiso derribarlo ni mandarlo al hospital. No hay otra lógica deducción.
A Julito le faltó amor por su carrera y por el boxeo que nunca olvidará de parte de los fans que jamás un combate entre mexicanos fuera tan deslucido, aunque con técnica de ambos.
No fue una noche triste, fue una noche de falta de amor a un deporte que despierta pasiones y polémica en todo el orbe.

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