Sin duda, estamos haciendo historia. La otrora SCJN que sirvió durante décadas a los grandes intereses imperiales, hoy forma parte de una historia como todo aquello que se guarda en el cajón de los deshechos. El cambio de régimen es ahora más cierto que antes. Las estructuras como pilares, trabes, castillos, dalas y muros forman en detalle la institucionalidad con la que habrán de existir los nuevos poderes de la unión. Falta el menos relevante; el sistema electoral. El miedo y el terror de aquellos que veían venir los cambios con la llegada de AMLO, es ahora una realidad de la nunca dimensionaron el tamaño de ella. A pesar de esos cambios, el camino aún no está libre; falta la recomposición de la oposición, esa que debe surgir de la reingeniería social que le es obligada para constituirse en el bastión de empuje y poder y así sostener a la 4T. Sin esa oposición, se construye en arenas movedizas. El nuevo sistema de justicia habrá de ser un poder que sirva a los mexicanos y no servirse de ellos. Habrá de interpretar adecuadamente la letra consagrada en nuestra Carta Magna, para no actuar con los males interpretativos, que son esos los que siempre se mantienen en secreto por muchos abogados leguleyos para salirse con la suya. La primera sesión de la corte manda un mensaje que se oyó lejos, principalmente al vecino del norte. Este que siempre tuvo la injerencia soterrada para dejar hacer, dejar pasar. Está claro que debemos esperar la actuación de quienes confiamos plenamente, pero aún con apenas un día de haberse instalado, doy mi reconocimiento al creador de esta nueva etapa: al líder de la 4T, Andrés Manuel López Obrador, el promotor incansable del cambio verdadero. Le guste o no a la oposición, el nombre del personaje de marras, ha quedado marcado con letras de oro y habrá de colocarse, antes de su muerte, en el recinto legislativo. El hombre, cuya trayectoria política, no se hizo en los lugares cómodos, se construyó en la plaza pública, en los caminos empedrados, en los valles y en las planicies. En el desierto y en los montes. El hombre que caminó por todo México y que fuera criticado por esa oposición rapaz de no haber lustrado su calzado o de tener un ojal en su cinto hecho con un picahielo. El hombre del gallito, como fue conocido en ese programa “El Privilegio de Mandar”, en el que pretendieron mofarse de un personaje digno y justo. Ese hombre que prefería quebrarse a doblarse, que dijo que “juntos haríamos historia “ y que por el “bien de todos, primero los pobres”. Ese mismo hombre que marcara el cambio con esa frase “que no puede haber gobierno rico, con pueblo pobre”. Ese mismo hombre que sabía que “las escaleras se barren de arriba para abajo”. El hombre que nunca supo guardar secretos, porque “la vida pública debe ser más pública”. Incansable, “porque se cansa ganso”. El hombre “que nos acusó con nuestra abuelita”, para que nos portáramos bien. El hombre que cumplió su palabra diciéndonos que se alejaría vida público para no entrometerse con nadie. Ese hombre tejió la nueva realidad, esta que aún la oposición no acepta tener. La nueva SCJN, corta de tajo la vieja costumbre de la oligarquía empresarial y política de tener el poder a su servicio. Habremos pues esperar a que el bollo salga del horno. Por lo pronto en espera del cambio.