CUENTAS CLARAS Y CORRECTAS

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La vida pública del país, debe ser más pública. En el ejercicio de la administración pública, la secrecía es una forma de ocultar información. Contrario a lo anterior, es la transparencia que muestra las manos de quien opera mal o bien en ella, quitándole la suspicacia y evitando así pecar de sospechosísmo.
En el empresariado mexicano la contratación de personas mayores de 45 años es casi nula y más tratándose del manejo de recursos económicos. Corre la voz de que si a esa edad no logró hacer un patrimonio, existe el riesgo de cometer ilícitos, tal vez robos u otras cosas en contra del patrimonio empresarial.
Está claro que en el ejercicio público hay miles de reservas bajo el asunto de la secrecía. Secrecías que pueden variar en el tiempo, hasta por 30 o 40 años de reserva de la información. En México, la secrecía fue un asunto de complicidad entre las mismas autoridades e instituciones que cuidaban entre ellos el peculio acumulado de aquellos malos servidores públicos que saqueaban el erario nacional. La vida pública, como parte de la democracia, debe ser más pública y la transparencia debe ser siempre más transparente. El uso faccioso de la reserva de la información, ha mermado la confianza de los pocos ciudadanos que la teníamos. El peculado cometido por funcionarios públicos, había sido de uso común, además de presumir esa riqueza mal obtenida sin manchar los nombres de quienes lo cometían.
Habremos pues de no tener nada bajo reserva y que la transparencia sea el actuar de los futuros funcionarios públicos.
Dedicado a todos los funcionarios de nuestra “Alma Mater”. Así sea.

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