LES LLEGÓ EL AGUA A LOS APAREJOS

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La reforma electoral viene a desmontar un andamiaje a modo construido desde hace mucho tiempo, de conveniencia a los partidos políticos y de los intereses de la oligarquía política y empresarial. Una reforma constitucional que le da sentido al ejercicio ciudadano y vida a la democracia participativa.
En esta reforma constitucional electoral va implícito la reducción del presupuesto en más de 24 mil millones de pesos, además reduce en 200 diputados y 24 senadores y desaparece de los estados las llamadas Ople’s (Organismos Públicos Locales Electorales).
De lo anterior, este proceso de reforma constituye una modificación en la forma y en el fondo de la política mexicana que habrá de imponerse más allá del predominio de los grupos que actualmente mandatan a la oposición “va por México” y otros. Una forma de gobierno electoral que contempla un deseo de mucho tiempo atrás de poder contar con la honestidad de una institución que nació para tergiversar los deseos electorales de Juan Pueblo. La reforma constitucional electoral contempla además desaparecer las 5 circunscripciones que agrega senadores a un órgano legislativo que no debe sumar plurinominables.
Una reforma constitucional electoral que pone en marcha el verdadero juego político de los partidos existentes, pues en razón de agregar diputados por amiguismo, nepotismo o cualquier otra forma, estos deberán competir para ganar a pulso la curul que desean tener. Quizás los partidos pequeños ya no sean representados, pero dicha representación nunca fue realmente una forma de mejorar la democracia existente.
Las Componendas de estos partidos minoristas fue la de conveniar, negociar y hasta vender los votos al mejor postor. La reforma constitucional electoral que propone el Presidente será de nuevo una manera diferente de patear la pelota en campo democrático o de batear para homerun. Toda vez que los jugadores asuman el verdadero interés deponer a la patria primero, será en la medida en que México y los mexicanos ganemos en el nuevo juego de la democracia participativa.
Las fichas o las cartas no están escondidas, simplemente el Presidente se la vuelve a poner a la vista para que ellos, los legisladores, hagan sus propias jugadas y el pueblo premie o castigue, según lo vea en el campo electoral. Puedo pensar que esta jugada es de nuevo una trampa, pero serán ellos, los legisladores, que puedan evitar caer en ella. Por lo pronto, en esta tormenta, el agua les llegó a los aparejos.
Oswaldo del Castillo.
28/04/28

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