EL DISCURSO IMPUESTO POR LA OPOSICIÓN A TRAVÉS DEL TIEMPO

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A veces escuchamos decir a algunos: “Pensé que eras más inteligente”, “No creo que les creas, siempre dicen lo mismo”. “Siempre son los mismos”. “Todos roban, unos más que otros, pero todos roban”. Durante años he escuchado lo mismo y más cuando hay de por medio alguna campaña política.
La evidencia nos muestra que las promesas son incumplidas porque el electorado se olvida de ellas, pero no se olvida, sino que el mismo electorado sabe que esas promesas son solo para ganar la elección. Así ha ocurrido en los últimos 100 años de campañas políticas.
Pareciera que esto que digo no tiene implicación alguna con lo que vemos en este momento. La confabulación de los actores políticos con la clase empresarial, no toda por supuesto, que ha puesto en juego un amasijo de mentiras estructuradas para penetrar en la psique del electorado. Hoy sabemos que el hombre o el ser humano son frágiles y vulnerables cuando el miedo lo invade, no dejándole algún resquicio por dónde pueda escaparse. La pobreza se convierte en la herramienta de más fuerza en este tipo de procesos, pues siendo el sujeto pobre, carece de una estructura moral que con el tiempo se hace más débil y pueda esta protegerlo. Ante el inminente bombardeo de ideas contradictorias, el electorado puede, en algún momento confundirse y es esta la apuesta que hace la oposición en estos días de campaña. El determinismo del poderoso para influir en una base social, sea esta cualquiera, se basa en una clara intervención del perfil psicológico de las masas.
Lo que ha pasado en México es que los gobiernos no tuvieron empacho de burlarse de la pobreza o de los pobres y perdieron el control por el apetito desbordado, que en un país como el nuestro, no era castigado por saquear, mentir, robar o traicionar a la gente que comparte su territorio con el resto de sus detractores. Muy cierto es que no hay razón para aguantar tanto tiempo viviendo en la pobreza o en la mentira, sin embargo, el miedo empuja más al sujeto dentro del hoyo que hace para meter su propia cabeza. El real castigador del pueblo, es su propia ignorancia o su falso conocimiento.
De esa manera prefieren permanecer como están, sin cambiar un ápice de lo que piensan o de lo que son. Se mienten a ellos mismos, le mienten al dios que creen, pero alaban la riqueza y el poder. Los privilegios son y serán siempre los que guían la acción perversa del poderoso, con una mente dominada por la descarga de adrenalina que viven, al gastar a manos llenas.
Oswaldo del Castillo.

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