Los Puntos Sobre las ÍES… Semanario No. 1690

Hay algo que celebrar…?

Cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejó de ser importante. Ryszard Kapuściński

En vísperas del Día de la Libertad de Expresión varias voces de comunicadores y medios se elevaron señalando que no había nada que celebrar.

Motivo de esas expresiones y hasta convocatorias para no celebrar son los asesinatos de periodistas que se han cometido en nuestro país, y, en el caso de Sinaloa el de Javier Valdez Cárdenas ultimado el 15 de mayo pasado en Culiacán.

En este caso, una buena parte del gremio de los comunicadores lo hace con sentimiento verdadero, pero otros, hay que decirlo, lo hacen para atizar las inconformidades contra el gobierno de Peña Nieto y el de Quirino Ordaz Coppel.

Mas aun, se han entremezclado en esas voces gente que nada tiene que ver con la comunicación, no porque les duela la muerte de Valdez, sino que atienden intereses políticos o de facciones. Simuladores pues, que buscan banderas para enarbolarlas en pro de sus objetivos políticos.

Es cierto. En lo que va del año seis periodistas han sido asesinados y hay una desaparecida en nuestro país.

Pero atrás de ellos hay cientos, miles de personas que han sido asesinadas y están siendo asesinadas todos los días.

Y por ellas no claman, ni han clamado justicia los que hoy se desgarran vestiduras.

En Sinaloa 13 periodistas han sido asesinados de 1971 a la fecha. Varios de ellos no fueron muertos por su actividad de comunicación.

Hay en una página de internet una lista de 27 supuestos periodistas asesinados en Sinaloa. De esos, 14 no eran verdaderos periodistas.

Y en los casos de periodistas asesinados la mayoría no ha sido esclarecida.

Siguen impunes, entre ellos el asesinato de Aarón Flores Heredia, un auténtico periodista asesinado por las investigaciones que realizaba sobre ilícitos de la entonces Policía Judicial comandada por Humberto Rodríguez Bañuelos.

El último, antes de Javier Valdez, el de Jesús Antonio Gamboa Urías asesinado en el 2014 “resuelto” sin convencer a nadie de la verdad ni los presuntos responsables presentados por los investigadores, es otro de los crímenes que consideramos impunes en donde hay indicios de que los responsables verdaderos fueron policías.

Insisto, hoy algunos colegas y medios se desgarran vestiduras clamando por justicia para Javier Valdez.

Las voces de protesta se elevan a otras ciudades y hasta al extranjero, en donde también tienen graves problemas de violencia.

Pero el caso de Javier Valdez, independientemente de que es necesario se esclarezca caiga quien caiga, es uno mas de los miles que existen impunes.

Que se atentó contra la libertad de expresión acallando una voz comunicadora, aceptado.

Pero también hay que aceptar que Javier Valdez sabía en que medio andaba metido y los riesgos que corría.

Sabía que la muerte lo podía esperar a la vuelta de la esquina, o al salir de su casa o al llegar a su oficina, como sucedió.

Lo sabía, como sabía también que jugar con dos barajas era mortal.

El asesinato de Javier Valdez debe aclararse y castigarse.

Pero también los otros asesinatos de periodistas que están en la impunidad.

Y también los miles de asesinatos cometidos en los últimos años.

La justicia debe ser para todos, no para uno o un sector de la sociedad.

Que los periodistas y los medios somos la voz de la sociedad y el enlace con los gobiernos. Si.

Pero no somos seres supremos. Somos mortales como cualquier otro ciudadano y tenemos los mismos derechos, las mismas obligaciones y los mismos riesgos.

Que se atenta contra la libertad de expresión. Si.

Como se atenta contra la libertad de expresión desde muchos medios importantes en donde se manipula la verdad, se escandaliza o se aplaude, se pregona o se calla, según los intereses y compromisos.

Bien dijo Ryszard Kapuściński: “Cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejó de ser importante”.

Pero, ¿hay algo que celebrar el 7 de junio?

Creo que si hay algo que celebrar y no solo el 7 de junio, ni el 3 de mayo ni el 4 de enero, sino todos los días.

Hay que celebrar que todavía podemos pensar y hablar o escribir.

Que podemos criticar cuando lo hacemos con razón y con elementos.

Habemos muchos comunicadores que lo hacemos sin censura.

Y la mejor forma que tenemos para celebrar es ejerciendo diariamente ese derecho constitucional y esa facultad natural: pensar y hablar libremente.

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