LA NUEVA ÉTICA POR VENIR

LA NUEVA ÉTICA POR VENIR

Resulta algo difícil creer que pueda instalarse en México una nueva ética de actuación social, política y económica en lo que hace el gobierno por sus funcionarios y de los ciudadanos por México, en lo privado y en lo público.

Hablar de una nueva ética tiene que ver con un pensamiento distinto al que se tenía en el régimen Legión de Enrique Peña y sus seguidores.

Una nueva ética conlleva a hacer distinta la acción cotidiana, distanciándose de la tradición para poner en marcha una nueva ordenación. La nueva ética no solo contempla un actuar limpio, sino que separa las acciones que no correspondan a la nueva etapa de exigencia política-social. Sin duda que un nuevo proceder no solo ayudaría a ser mejores, sino que nos impulsaría a mejorar siempre nuestra actuación. Los pactos que antes se realizaban entre los grupos del poder silenciaban las protestas, los reclamos, las inequidades y los sufrimientos que la gente, por causa directa o no, debido a los agravios infringidos en sus personas, vivieron durante muchos años.

Los yerros cometidos por los distintos gobiernos en el pasado, son una verdadera enseñanza que procura salvaguardar las fortalezas que aún mantienen el ánimo del servicio público. Está claro que para avanzar en estos tiempos de exigencia ciudadana se habrán de incorporar valores que no fueron una prioridad en los tiempos pasados y que hoy estos valores, exigen por sí mismos una actuación ciudadana distinta. No estoy diciendo que los valores sean diferentes, sino que la exigencia para mediar la acción ciudadana debe transparentarse con esta valoración que no fue necesaria ni obligada en el pasado, pero que en el presente se hace imperativo ponerlos en práctica. Sin duda, que la nueva ética del servidor público, del ciudadano, del político, de los gobernantes, de los empresarios e industriales debe ser de un gran tamaño, pues ya no nos sirve simular hacer las cosas cuando en realidad no se hacen como debieran hacerse. Esta nueva ética deberá convertirse en el racero que pueda poner un mismo tamaño a todos los que nos consideramos o no dignos de ser distintos a los que fueron en el pasado.

Cambiar la mentalidad y por supuesto la actitud de quienes somos responsables de cualquier acción conlleva a filtrar en este ejercicio ciudadano todo lo que se haga. Los maltratos de funcionarios a los que reciben los servicios llamados de alto nivel, han sido una práctica común. Vivir el menosprecio de médicos o enfermeras, o de cualquier servidor público en cualquiera de las áreas de servicio gubernamental que ha sido una práctica común que otorga al ciudadano poca satisfacción, además nos deja un mal sabor de boca cuando somos los que recibimos dichos maltratos. Sin duda que una nueva ética en el servicio público que no conculque la dignidad social y que haga prevalecer el derecho ciudadano sería lo más afortunado para todos los mexicanos. Así sea. Oswaldo del Castillo Carranza.

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