Humorismo Edición No. 1745

El esposo mira a su hijo negro y se sincera con su esposa :
—Amor, porqué nuestro hijo es negro si los dos somos blancos?
La esposa muy tranquila le contesta:
—Mira, cuando debía amamantar al bebé y de mis senos no salía leche, y sin comentarte porque estabas siempre de viaje con tu trabajo, busqué una nodriza para que le diera leche y como ella era negra el bebé se volvió así!
El esposo, ahora más reflexivo, busca a su mamá y le pregunta si esto era posible.
La mamá le contesta:
—Pero… ¡claro que es posible!
Fíjate, cuando tú estabas bebé tampoco pude darte de mi leche y te alimenté con leche de vaca. Y mírate los cuernotes que te están saliendo, pedazo de pendejo!

Juan no tenía problemas y era feliz. Un día empezó a sufrir dolores de cabeza, ligeros al principio, pero que fueron aumentando hasta llegar a ser insoportables.
Cuando su trabajo y su vida empezaron a ser afectados por este problema, Juan se decidió ir al médico.
El especialista lo examinó, realizó radiografías,
muestras de sangre, de heces, de orina, y por fin le dijo:
-Le tengo una noticia buena y una mala.
La buena es que puedo curarle sus dolores de cabeza.
La mala es que para hacerlo tendré que castrarlo.
Usted sufre una rara situación en la que sus testículos oprimen la base de su columna vertebral,
y eso le causa dolores de cabeza. La única manera de remediarlo es extirpar sus testículos.
Juan quedó deprimido, pero sus jaquecas empeoraban
y desesperado decidió someterse a la operación.
Al salir del hospital, el dolor de cabeza había desaparecido por completo, pero se sentía abatido y desanimado, como si le faltara una parte
de sí mismo (obviamente).
-Lo que necesito es un traje nuevo- se dijo
Así que entró en la tienda y pidió un traje.
El vendedor lo observó por un momento y dijo:
-Muy bien, talla 44.
-¡Exacto! ¿Cómo lo supo?.
-Es mi trabajo -repuso el vendedor-.
Juan se probó el traje, que le quedó perfectamente.
Mientras se observaba en el espejo, el vendedor le dijo:
-¿Qué le parece una camisa nueva?
Juan respondió:
-Pues, ¿por qué no?
-Veamos, ha de ser un 34 de mangas y dieciséis de cuello.
– ¿Cómo lo supo?
-Es mi trabajo -repitió el vendedor-.
Juan se puso la camisa y mientras se veía en el espejo, el vendedor le dijo:
-¿Unos zapatos nuevos?
-Por supuesto -dijo-.
El vendedor echó un vistazo a los pies de Juan.
-Un once
-¡Exacto! ¿Cómo lo supo?
– Es mi trabajo -respondió el vendedor-
Mientras Juan admiraba sus zapatos nuevos, el vendedor le preguntó:
-¿Qué le parece si se lleva también unos calzoncillos nuevos?
Juan por un segundo pensó en la operación que acababa de sufrir, y dijo:
-¡Buena idea!
-Debe ser calzoncillo de talla 38 -dijo el vendedor
Juan se rió:
-No, se equivoca. He usado talla 34 desde los dieciocho años.
El vendedor negó con la cabeza:
-No es posible que use la 34; el calzoncillo estaría demasiado apretado,
le presionaría los huevos contra la base de la columna y tendría todo el día un tremendo dolor de cabeza..

Un chilango estaba en el aeropuerto e Iba a tomar un avión, cuando algo le llama la atención. Era una computadora con voz, que identificaba a los pasajeros por imagen. Cuando Catalino pasó, el sistema dijo:
“Catalino Pérez, 53 años, del DF, casado, bigote, pasajero del vuelo 455 de Interjet”.
Impresionado, Catalino va al baño, se afeita el bigote, se cambia la camisa y camina de una manera diferente para joder al sistema.
Cuando pasa de nuevo por la computadora, la voz le dice: – “Catalino Perez, del DF, 53 años, ahora sin bigote y con camisa nueva, pasajero del vuelo 455 de Interjet”.
Catalino no se da por vencido y se va de nuevo al baño, abre la maleta donde tenía los regalos para su esposa. Se maquilla, se pone una peluca rubia, tacones altos, se pinta los labios, se pone un vestido ajustado y dice: “Ahora si esta pinche maquinita jodida no me va a fregar…”
Cuando pasa por la computadora, ésta grita:
– “Ahí viene de nuevo el pinche Catalino Pérez; 53 años, del DF, ahora de travesti y por puto, acaba de perder el vuelo 455 de Interjet”

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