BAJAN ASESINATOS, CRECE IMPUNIDAD

 

Según estudios recientes de la Universidad de Las Américas de Puebla, Sinaloa se encuentra en el lugar número doce en impunidad a nivel nacional.
Confrontando notas relacionadas se dice que ha bajado el número de asesinatos pero no así el número de los casos resueltos y que se haya dado con los responsables, es decir, menos asesinatos pero mayor el índice de impunidad.
Un ejemplo de lo anterior es el caso del periodista Javier Valdez, de quien han pasado ya diez meses de su asesinato y aún no se sabe quiénes sean los responsables, aun cuando el mismo Presidente Enrique Peña Nieto dio instrucciones de apoyar a las autoridades locales.
Instrucciones que incluían atraer el caso para la SEGOB y PGR, por tratarse de un evento que impactó a nivel internacional.
Esto es un ejemplo de los tantos casos que hay en nuestro estado que aún siguen sin resolver. Cuando sucede un crimen de este tipo hay acciones rápidas por parte de las instituciones correspondientes, de manera muy profesional y expedita se abren carpetas de investigación, se realizan los peritajes pertinentes pero como dice el dicho: “arranque de caballo parada de burro”.
Por más profesionales que sean los miembros de la corporación a cargo, por más criminólogos y criminalistas que egresen de las varias universidades que han surgido últimamente en Sinaloa, no se puede dar con la mayoría de los responsables de los asesinatos perpetrados en nuestro estado.
¿Esto será cuestión técnica, administrativa o legal? La respuesta dependerá de cada caso.
La impunidad trae múltiples consecuencias, pero de entre todas, quisiera destacar dos: la desconfianza social hacia las instituciones y la facilidad que ven los operadores de tales crímenes para actuar.
Lamentablemente en la subcultura regional, el ser sicario es ya un oficio, no podemos negar que hay quien viva de ello; y como oficio también se adquiere práctica y habilidad para hacerlo bien, lo cual significa un reto mayor para las instituciones ya que en sus tareas se encuentran ante trabajos elaborados por personas hábiles y astutas, que cuentan con recursos de distinto tipo, incluyendo humanos para ejecutar su labor.
En fin, Sinaloa es un escenario de película, sea policiaca, de acción, pero por otro lado, tenemos gente y paisajes que hace que Sinaloa también sea escenario de películas inspiradoras y de buena vibra.
Javier E. Zepeda O.

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