CON BUEN CORAZÓN TODOS BRILLAREMOS

Dice el dicho que “en la cama y en la cárcel se conocen a los amigos”. México actualmente se encuentra en una situación de “cama”, sacudido por estos dos terremotos, situación que nos ha dado a conocer con quiénes contamos y qué clase de personas somos respecto al dolor ajeno.
Habrá quién tenga la experiencia de una pérdida patrimonial y lo pueda entender, más aún, una pérdida de un ser querido; pero cuando no se ha tenido ninguna de esas experiencias y aun así es capaz de sentir el dolor ajeno, de compadecerse, es decir, padecer con el otro, es señal de una gran humanidad, de un gran corazón.
Son momentos en los que también son oportunidades para educar en la caridad y amor al prójimo a los más jóvenes.
Ante esto podemos reflexionar sobre una cuestión ética: el fin de las cosas. Si bien la ayuda material es importante, aprovecharse de la necesidad del otro o ganar puntos bajo el auspicio del dolor ajeno, no es totalmente una bondad. Es algo mezquino.
Aprovecharse de esta manera, el hecho de apoyar se convierte no en un fin sino en un medio, la propaganda, la publicidad y la imagen se convierten en la finalidad y el medio: el dolor ajeno, en otras palabras, se lucra con la desgracia ajena.
Cuando es por amor a la humanidad, por auténtica caridad y gesto fraterno, el aplauso viene de la propia conciencia, del sentimiento de satisfacción y del cumplimiento del deber como ser humano.
Hay una máxima referente a la caridad que dice: “que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha”, al final de cuentas, el bien del corazón hacen brillar a la persona.
Mientras tanto, cada conciencia exige de manera diferente, pero exige, y es bueno escuchar lo que nos dice al ver que otros apoyan de manera materia o voluntaria y si de manera personal aun no se ha ayudado.
Es momento de sacar a relucir lo bueno y lo mejor de nuestra humanidad, de nuestra nobleza y hacernos cercanos entre nosotros.
Javier E. Zepeda Osuna.

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