Diálogo Deportivo Semanario No. 1694

Cuando los ídolos del boxeo empiezan a caer ya no pueden noquear.
Ese es el caso del excampeón mundial Manny Pacquiao, quien, en Australia, acaba de perder el cinturón ante Jeff Horn, quien lo sorprendió con un estilo algo sucio y ortodoxo, donde se le lanzaba con su enorme cuerpo y lo mismo le propinaba golpes con la cabeza y codos y golpes de conejo que el réferi no alcanzó a ver.

Los jueces se pusieron de acuerdo para dar el triunfo a Jeff, por decisión unánime y debió ser una dividida o empate. Éste último resultado le daba el triunfo al filipino.

De cualquier manera, hay que ser realistas: Pacquiao no atacó lo suficiente del primero al octavo round. Reaccionó, en el noveno round, con una repetición de 7 golpes de zurda a la cara del australiano que lo hizo temblar.

No se derrumbó. Iba bien preparado con caminatas y corridas por la orilla de la playa que le fortaleció las piernas y tuvo sparrings del tamaño y características de Manny.

El hoy senador de Filipinas, dominó los últimos cuatro episodios del combate, pero el daño ya estaba hecho.

Los jueces no fueron tan injustos, ni justos, a como sucede en Las Vegas.

Los dos contendientes resultaron con heridas en las cejas y pelearon ensangrentados. Pacquiao también sangró de la cabeza.

El trabajo de Horn fue aprovechar su estatura de casi dos metros y conectar en cara y cuerpo del campeón de la OMB, pero salió cortado de la ceja derecha en los primeros tres asaltos. Entonces su esquina le recomendó no meterse a la pelea en corto. Pegaba y hacía juego de piernas o se lanzaba como luchador sobre la humanidad del filipino y lo desconcertaba y no lo dejaba combatir.

Esa fue la tónica de la contienda. Ese noveno round parecía el fin del australiano, pero debido a su excelente condición física se repuso, huyendo hacia la esquina contraria del todavía campeón.

Aunque se dejó golpear en repetidas ocasiones del noveno al décimo segundo round, mostraba una sonrisa de triunfo, aunque algo agotado por el derramamiento de sangre de su ceja derecha. Lo salvó la campana.

Cuando se dio el veredicto, hubo gritos de júbilo en la sede, pero en el resto del mundo hubo repudio; debido a la simpatía que tiene el boxeador filipino entre los aficionados al boxeo mundial.
El retiro definitivo, ya está próximo.

Desde que lo noqueara el mexicano Juan Manuel Márquez ya no es igual.

Su mamá se lo sentenció: ” Dios, te abandonará, ya que dejaste el catolicísmo”. Jesucristo no lo abandonó sólo lo desea hacer recapacitar. Si, se hinca. Lo hace en el extremo de su esquina contraria; pero no se persigna y tampoco se santigua.

SEBASTIÁN ABREU ROMPE RÉCORD DE CLUBES DE FÚTBOL.
Entre España, Argentina, México, Grecia, Israel, y su natal Uruguay, ha pasado su carrera como futbolista Sebastián Abreu, llamado El Loco.

Acababa de romper su propio record de más de 30 equipos y va por más. Usted se preguntará: ¿cómo le hace, qué varita mágica tiene para alcanzar su objetivo de seguir activo?

Pese a que es un buen delantero que usa más su cabeza que sus piernas, al estilo del mexicano Francisco Jared Borguetti, su éxito lo debe atribuir al hecho de que es representado por la marca o empresa de Jorge Valdano.

Valdano, lo trajo a México, en especial a Dorados de Sinaloa, donde no pudo evitar el descenso ante Los Pumas de la UNAM. Además le hizo la vida imposible al director técnico Carlos Bracamontes, quien fue despedido tras ser intrigado por el uruguayo.

Con Dorados jugó en la temporada 2005-2006.Hizo un papel decoroso, pero en los momentos claves falló como un novato.

A México llegó en el torneo 1999-2000 con Tecos de la UDG. Llegó a las Águilas del América en el 2003, donde tuvo una actuación regular y retornó a los Tecos en 2004.

Luego jugó con Dorados en 05 y mitad del 06 y con la pandilla de Monterrey el mismo 2006, mismo año que portó la camiseta de San Luis.

En el 2007 con Tigres del Universitario de Monterrey.

A nivel mundial de los equipos más renombrados donde saltó a la cancha fue en El Real Sociedad de España; Botafogo de Brasil; River Plate de Argentina, Rosario Central de Argentina y El Nacional de Montevideo.

Igual que un vikingo su calidad en el campo no tiene fronteras, pero su intriga ya es famosa en los vestidores, en los hoteles y en las aeronaves en que vuela hacia los cuatro puntos cardinales del planeta.

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