AMIGOS NARCOS

Julio César Chávez, el mejor boxeador que ha tenido México, con un lugar respetable en la historia del deporte en el mundo, dice que es amigo de narcotraficantes, pero que no les pedirá que le ayuden encontrando al asesino de su hermano Rafael.
Si el ídolo sinaloense dice que es amigo de los mismos que nos construyeron este mundo de drogas y asaltos, es que estamos a punto de tocar fondo en la enfermedad social que padecemos.
En algún momento de la vida de esta página editorial dijimos que no podemos ser fariseos y culpar a las familias de la sierra por dedicarse al cultivo, venta y distribución de la drogas. Fue una subcultura.
A raíz de que Estados Unidos financió la producción de mariguana y opio para proveer a sus combatientes en la segunda guerra mundial y posteriormente a los de Vietnam, los campos de cultivo se instalaron en la zona de Los Altos.
En Culiacán y Guamúchil surgieron los centros de distribución y transporte y se formaron los primeros grupos de narcotraficantes, con quienes los pobladores empezaron a hacer amistades y negocios.
Al extinto presidente Miguel Alemán se le informó de esta nueva actividad. Cuando supo que generaba dinero y se gastaba en la región, asumió una actitud de disimulo.
El también finado gobernador Alfonso G. Calderón le tocó recibir la Operación Cóndor cuyos jefes militares combatieron cultivos; pero no a los protagonistas de la actividad, quienes fueron recibidos en Guadalajara en donde los empresarios lavaron sus fortunas.


Calderón dijo, en su momento, que lo grave es que jóvenes sinaloenses se convirtieron en consumidores. “Pasamos de la producción al consumo y eso tendrá consecuencias” le escuchamos.
No hace falta más historia porque al igual que Julio César, que de gran campeón se convirtió en gran drogadicto y posteriormente venció a sus demonios y se recuperó, muchos jóvenes nuestros con gran talento y futuro se perdieron.
La pregunta es ¿ya tocamos fondo? ¿Somos ya amigos (o familiares) del que arrojó una granada en medio de nuestras familias? ¿nuestra economía depende de esa actividad?
La respuesta debe salir de nosotros mismos y poner en marcha una nueva cultura de sanidad social.
Sinaloa lo merece.

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