Por una educación de la conciencia

Frecuentemente se habla de la necesidad de transmitir los valores dentro de una sociedad, ya que así debe ser y la realidad lo requiere.

Es también importante saber que el conjunto de valores y normas de convivencia que rigen una sociedad y que surgen de manera espontánea por sentido común, cuentan también con un orden y un saber sistematizado.

Ese conocimiento sistematizado se ofrece en la ética, la deontología y como conocimiento sistematizado o asignatura puede ser ofrecido y analizado en instituciones educativas, grupos o por el individuo.

El saber y adquirir un conocimiento lo conduce a uno a una reflexión, a un diálogo consigo mismo, es así como se va tejiendo la conciencia, no sólo por el buen impulso de un noble corazón humano. El adquirir conocimientos sistemáticos sobre cómo funciona la conciencia ética, los juicios éticos, las normas jurídicas y éticas, permiten a la persona hacer discernimientos  para tomar decisiones.

Una alternativa para la formación de los jóvenes y la formación continua de los adultos es la práctica de discernimientos éticos, esto no significa en caer en prácticas escrupulosas, las cuales como todos los excesos son malos.

La práctica o el saber discernir moralmente va agudizando la conciencia de uno, se desarrolla el conocimiento de normas éticas y conforme se progresa la persona se va acercando cada vez más al bien.

Vale la pena apostar por la educación de las conciencias, en enseñar a las personas a emitir juicios y discernimientos conforme al dictamen de la conciencia, lo cual no es lo mismo a decirles a los demás qué hacer o qué pensar.

Pero sí significa pensar conforme a una conciencia, el respeto a los propios principios éticos, ¿Podríamos imaginarnos una juventud así, unos adultos así?

Javier E. Zepeda O.

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