Los Puntos Sobre las ÍES… Semanario No. 1678

Aquel discurso sigue vigente…

Yo veo un México con hambre y con sed de justicia. Luis Donaldo Colosio

El pasado sábado el PRI celebró sus 88 años de vida. Una celebración en México un tanto austera pero con triunfalismos surgidos de un optimismo exagerado.

El Presidente Enrique Peña Nieto, orador principal en el evento, exclamo: “En 2017 vamos por cuatro triunfos claros y contundentes… Ganaremos en el Estado de México, vamos a ganar en Nayarit, vamos a ganar en Veracruz y en Coahuila”.

Y mientras los centenares de priistas congregados en ese evento aplaudían jubilosos, afuera, en los barrios bajos de la capital, en todos los rincones de México la inconformidad de la ciudadanía seguía creciendo.

Nadie escuchó, y quien lo hizo no creyó en esos triunfalismos sobre los que predomina el coraje del pueblo por las condiciones de vida cada vez mas difíciles que tiene afrontar a raíz de los incrementos a todos los energéticos y su repercusión en todos los artículos y productos de consumo necesarios.

Pareciera que en ese ambiente de inconformidad, alentada principalmente por los mesiánicos que buscan el poder dizque para cambiar a México, flotaban aun las palabras que 23 años atrás pronunciara Luis Donaldo Colosio Murrieta.

Aquel 6 de Marzo de 1994 que marcó el rumbo trágico de entonces candidato del PRI a la presidencia de la República, Colosio firmó su sentencia de muerte con ese discurso que marcaba un rompimiento con la política priista-salinista y despertaba la furia de Carlos Salinas y su consejero Joseph Marie Cordova, para mí y para miles de mexicanos que vivimos aquellos tiempos, los autores intelectuales del asesinato del sonorense en Lomas Taurinas.

17 días después de aquel 6 de marzo, el 23, se cumpliría el destino fatal del hombre que veía al México real. Del hombre en el que millones de mexicanos cifraban sus esperanzas de un cambio real, no simulado o falso como los que nos han endilgado en los siguientes sexenios

En la celebración del 88 aniversario del PRI no estuvo presente el recuerdo del mártir de Lomas Taurinas. Menos su pensamiento.

Ni una mención de Colosio, solo expresiones triunfalistas de un Presidente Peña Nieto que le ha fallado al pueblo mexicano, al verdadero pueblo mexicano no a los poderosos.

Pero si el recuerdo de Colosio no estuvo ahí, en el auditorio “Plutarco Elías Calles”, como lo señalamos en párrafos anteriores, su recuerdo estaba en las mentes de millones de mexicanos que creyeron en él, lamentaron y condenaron su asesinato y a sus asesinos.

“Aquí está el PRI que reconoce que la modernización económica sólo cobra verdadero sentido, cuando se traduce en mayor bienestar para las familias mexicanas y que para que sea perdurable debe acompañarse con el fortalecimiento de nuestra democracia. Esta es la exigencia que enfrentamos y a ella responderemos con firmeza”, dijo Colosio en aquella ocasión. Hoy, ¿Dónde está ese PRI? La exigencia sigue firme y el fortalecimiento de la democracia ausente.

“Hoy vivimos en la competencia y a la competencia tenemos que acudir; para hacerlo se dejan atrás viejas prácticas: las de un PRI que sólo dialogaba consigo mismo y con el gobierno, las de un partido que no tenía que realizar grandes esfuerzos para ganar”. Hoy, las viejas prácticas aún subsisten.

“Como un partido en competencia, el PRI hoy no tiene triunfos asegurados, tiene que luchar por ellos y tiene que asumir que en la democracia sólo la victoria nos dará la estatura a nuestra presencia política”. Hoy, muchos no lo entienden. Pocos si lo hicieron y los hemos visto como trabajaron para ganar las pasadas elecciones, como lo hicieron Quirino Ordaz, Marco Antonio Moreno, Fernanda Rivera, Irma Tirado, Nubia Ramos, Diana Armenta, Jesús Valdez, Fernando Pucheta, entre otros.

“No queremos candidatos que, al ser postulados, los primeros sorprendidos en conocer su supuesta militancia, seamos los propios priístas”. Hoy, con muy contadas excepciones seguimos sorprendiéndonos por la supuesta militancia de agraciados con candidaturas apoyados con la fuerza de gobiernos como el que acaba de dejar a Sinaloa casi en la bancarrota.

“Yo veo un México de campesinos que aún no tienen las respuestas que merecen. He visto un campo empobrecido, endeudado, pero también he visto un campo con capacidad de reaccionar, de rendir frutos si se establecen y se arraigan los incentivos adecuados”. Hoy, ese México sigue igual. Nada ha cambiado

“Veo un cambio en el campo; un campo con una gran vocación productiva; un campo que está llamado a jugar un papel decisivo en la nueva etapa de progreso para nuestro país”. También lo dijo pero a ese campo que tiene una gran vocación aun le faltan los apoyos gubernamentales, los precios adecuados de sus insumos, el pago oportuno y justo de sus cosechas.

“Yo veo un México de trabajadores que no encuentran los empleos ni los salarios que demandan…” Hoy, seguimos igual.

“Yo veo un México de jóvenes que enfrentan todos los días la difícil realidad de la falta de empleo, que no siempre tienen a su alcance las oportunidades de educación y de preparación. Jóvenes que muchas veces se ven orillados a la delincuencia, a la drogadicción; pero también veo jóvenes que cuando cuentan con los apoyos, que cuando cuentan con las oportunidades que demandan, participan con su energía de manera decisiva en el progreso de la Nación”. Y hoy todo sigue igual.

“Yo veo un México de profesionistas que no encuentran los empleos que los ayuden a desarrollar sus aptitudes y sus destrezas”. Hoy nada ha cambiado.

“Yo veo un México con hambre y con sed de justicia. Un México de gente agraviada, de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían de servirla. De mujeres y hombres afligidos por abuso de las autoridades o por la arrogancia de las oficinas gubernamentales”. Y, pese a los cambios que se han hecho y los que se cocinan… seguimos igual: con hambre y sed de justicia!

Aquella frase. “¡Es la hora de cerrarle el paso al influyentismo, a la corrupción y a la impunidad!” hoy está mas vigente que nunca. En Sinaloa, en las manos del gobernador Quirino Ordaz Coppel está cumplirla.

Los sueños de Colosio siguen vigentes. Es hora de comenzar a hacerlos realidad antes de que se produzca un estallido social.

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