EL PAPA, COMO UN REY MAGO

Al momento de la redacción nos encontramos en vísperas del arribo del Papa Francisco a nuestro país. Evento que es imposible que pase desapercibido y que ha generado gozo y controversias; lo que es cierto, es lo mediático del acontecimiento y que sin dudas estaremos a la espera de los resultados o frutos de esta visita papal.

Sea en su papel como jefe del Estado Vaticano o como líder de la Iglesia Católica, calificado como la persona más influyente que es, se esperan algunos frutos de su visita y claro está, que esos frutos sean positivos para nuestro país y para los que en calidad de creyentes se acerquen.

Las controversias que se han generado por la visita del Papa Francisco a México son básicamente en dos puntos: el gasto que genera y la laicidad del Estado mexicano.

En cuanto al gasto es evidente, un personaje de talla internacional que consigo trae a una cantidad inmensa de medios de comunicación internacionales, será filmado y fotografiado en un escenario que será visto por el mundo entero. Es obvio que a ningún presidente municipal o gobernador de dicho paisaje le gustaría que se vieran imágenes desagradables de su ciudad o de su estado. Con imparcialidad y objetividad, esto es en beneficio de los mismos ciudadanos, el Papa se irá, pero el pavimento se queda.

Estos eventos generarán indudablemente una gran derrama económica para taxistas, restauranteros, hoteleros y demás personas que se dediquen al turismo, ya que esto puede ser considerado “turismo religioso”, en vista que atraerá miles de personas. Dichos actos requieren de logística y de seguridad, y el despliegue de seguridad es para los mismos peregrinos o turistas.

En cuanto a la laicidad del Estado, ésta no es quebrantada. Internacionalmente, Francisco es un jefe de Estado y es así como será recibido por las autoridades civiles. Además, esto demuestra una tolerancia y respeto hacia la libertad de culto de los ciudadanos, la cual no se pierde al adquirir un cargo.

México es un Estado laico, no profesa una “religión de Estado” como algunos países, pero otorga la libertad de culto a sus ciudadanos, respeta sus tradiciones y acepta como en estos casos, que se inviten líderes religiosos. Ser laico no es discriminar o prohibir, es tolerar, dialogar y convivir con las creencias o no creencias de los demás.

Javier E. Zepeda Osuna.

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