LA ESPERA QUE NO DESESPERA POR LA ESPERANZA QUE GENERA

Nos encontramos en el tiempo de preparación para las fiestas navideñas y el festejo del año nuevo. Diciembre tiene ese atractivo y esa cualidad de mover a la ciudad. Pensemos que sólo entrar manejando al centro por la tarde es toda una osadía.

La época navideña es un claro ejemplo del cómo la ambientación de un lugar influye en el ánimo; el ambiente nos vuelve más festivos de lo que normalmente somos los sinaloenses y nos volvemos generosos dando presentes a familiares, colegas y amigos.

En el contexto religioso, este tiempo es llamado “Adviento”, porque se trata de un tiempo de espera del nacimiento del Salvador. Esta espera se combina en sus dos significados: el esperar en cuanto al tiempo y el esperar en relación a la virtud de la esperanza, la cual le da un dinamismo a la espera cronológica, ya que este permanecer no significa algo pasivo, sino un acecho que lleva a la acción, a la preparación. Un ejemplo lo tenemos en los mismos hábitos que tenemos a fin de año, no aguardamos solo que llegue la navidad, sino que vamos preparando la celebración, la cena, es una permanencia programada con actividades previas.

Es éste el dinamismo de la acción de esperar. En cuanto a la virtud: la esperanza no significa que nos lleve a una ingenuidad, al contrario la esperanza se fundamenta en una certeza, en una posibilidad, si algo es posible y alcanzable, entonces genera esperanza, lo mismo que un dinamismo para alcanzar eso.

Ahora que llega el tiempo de hacer un balance de fin de año y elaborar los propósitos del año que comenzará, la esperanza deberá ser el motor que anime nuestras acciones para alcanzar aquello que sabemos que es para nosotros, o que puede ser para nosotros.

Javier E. Zepeda Osuna
Universidad de San Miguel

Comparte esto

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

3 × cinco =